jueves, 1 de diciembre de 2011

Función Defensiva

Publicado por: Clemencia Cruz Dyachkov. Farmacia U.I.A

Las proteínas del sistema inmune tienen una función defensiva debido a que crean anticuerpos y regulan factores contra los agentes extraños que se pueden presentar en el organismo o las infecciones. Las toxinas bacterianas como los venenos de serpientes son creadas por medio de funciones defensivas. (1)
Los anticuerpos reconocen las propias proteínas corporales, pero atacan rápidamente las partículas extrañas -usualmente proteínas- que invaden al organismo. (Velásquez, 2006)

La propiedad fundamental de los mecanismos de defensa es la de discriminar lo propio de lo extraño. En las bacterias una serie de proteínas llamadas endonucleasas de restricción se encargan de identificar y destruir aquellas moléculas de ADN que no identifica como propias. (Pérez, 2007)
Entre los componentes de la inmunidad están las proteínas plasmáticas que transportan sustancias, regulan el equilibrio hídrico, son hemostáticas y sirven de defensa contra los agentes patógenos (Koolman, 2004), y las citoquinas que regulan y coordinan muchas de las acciones que intervienen en la inmunidad. (Velásquez, 2006)
 La trombina (acelera la coagulación) y el fibrinógeno (uno de los principales responsables de la viscosidad del plasma) contribuyen a la formación de coágulos sanguíneos para evitar hemorrágias, además las mucinas, que tienen efecto germicida y protegen a las mucosas (defensa del cuerpo contra los patógenos). (2)
Las inmunoglobulinas se unen a los glucolipídos en la superficie de los eritrocitos y forman un complejo y se encargan de reconocer moléculas u organismos extraños y se unen a ellos para facilitar su destrucción por las células del sistema inmune. (Pérez, 2007)
Las inmunoglobulinas o anticuerpos se producen en los linfocitos B. Son proteínas que se forman en la respuesta inmune, para combinarse específicamente y con gran fuerza con el antígeno. Después de esta combinación producen sus acciones biológicas, en las que normalmente no modifican al antígeno y no presentan efectos enzimáticos. (Romero, 2007)
Los anticuerpos están formados por cadenas ligeras (L) y pesadas (H), las cuales se unen mediante puentes disulfuro. (Romero, 2007)
La unión de un anticuerpo con un antígeno protege al huésped por medio de la marcación de las células y moléculas extrañas para que los fagocitos y el complemento las destruyan. La molécula de anticuerpo por si misma no daña al antígeno. Los microorganismos extraños y las toxinas son convertidos en elementos inofensivos por unos pocos mecanismos. Estos mecanismos son la aglutinación, la opsonización, la neutralización, la citotoxicidad mediada por células dependiente de anticuerpos y la activación del complemento que conduce a la inflamación y a la citólisis. (Tortora, 2007)
En la aglutinación los anticuerpos determinan que los antígenos se agrupen y no puedan dispersarse para actuar. (Tortora, 2007)

 En la opsonización el antígeno, por ejemplo una bacteria, está recubierto por anticuerpos que aumentan la eficiencia de los fagocitos para ingerirlo y lisarlo. (Tortora, 2007)

La citotoxicidad mediada por células dependiente de anticuerpos se asemeja a la opsonización porque el microorganismo diana queda cubierto por anticuerpos; sin embargo, la destrucción de la célula diana está a cargo de las células del sistema inmunitario que permanecen afuera de esta célula. (Tortora, 2007)

En la neutralización los anticuerpos inactivan a los virus por medio del bloqueo de sus uniones a las células huésped y neutralizan las toxinas de un modo similar.  (Tortora, 2007)

La activación del sistema complemento se puede desencadenar debido a una inflamación causada por infección o daño tisular.(Tortora, 2007)

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